Liam no habló durante varios minutos después de que Max dijo pa.No fue un silencio incómodo. Tampoco uno de esos silencios donde alguien contiene demasiado y acaba por convertir la emoción en tensión. Era otra cosa: el silencio de un hombre que acababa de recibir un regalo enorme y, por primera vez en mucho tiempo, no intentaba administrarlo con palabras.Alice lo observó desde la mecedora.Max, que ya había explorado el efecto de esa sílaba y parecía satisfecho con el resultado, había vuelto a su investigación principal: el botón del hombro de la camisa de Liam. Lo tocaba con dos dedos, lo tiraba apenas, lo soltaba y volvía a empezar. Para él, el mundo era todavía una secuencia de descubrimientos inmediatos. Un sonido. Un botón. Una cara que cambiaba cuando lo miraba.Para Liam, en cambio, esa sílaba había abierto algo que no cabía en la habitación.Pa.No era una palabra completa. No era una promesa. No era siquiera una decisión consciente de Max, al menos no del todo. Pero había s
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