La llamada de Valeria duró seis minutos.Alice estaba de pie en el despacho cuando llegó, con el teléfono en la mano, Max en la hamaca portátil mirando la palmera de Thomas desde la ventana y Eduardo al fondo del corredor, revisando las cámaras del cuarto piso con la expresión cerrada de quien entiende que un pasillo propio había sido usado por alguien más.El viernes seguía siendo viernes.La luz directa de mayo caía sobre el escritorio.Los informes del día estaban abiertos.El hotel funcionaba.Y, sin embargo, desde que Valeria había dicho la palabra fotografía, algo en el mapa interno del Hotel Miller se había desplazado.La comunicación anónima no había logrado suspender el protocolo.Eso fue lo primero.La fotografía tampoco probaba irregularidad.Eso fue lo segundo.El juez había aceptado tramitar la respuesta por procedimiento sumario, sin convocar audiencia y sin alterar las visitas registradas.Eso fue lo tercero.Valeria lo dijo todo con esa precisión que Alice había aprend
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