La dejé quedarse. Se lo había dicho a Liam el lunes, con Max dormido contra el hombro y Margaret recién fuera de la clínica. No había sido promesa, ni confesión, ni puerta abierta de golpe. Apenas una verdad dicha en voz baja. Y, aun así, el martes amaneció distinto. No porque el mundo hubiera cambiado de forma visible —el hotel funcionaba, Miami seguía afuera, Max seguía despertando a la hora aproximada en que su cuerpo decidía que el mundo debía empezar otra vez—, sino porque algo dentro de Alice se había movido. No hacia Liam. No todavía. Alrededor de la frase que él había dejado en el corredor del juzgado y que ella, por fin, había reconocido como algo que no había sacado de sí.Eduardo llegó a las nueve y cuatro con la carpeta del día y la cara que reservaba para los días en que algo había cambiado de categoría.—Hay una carta.La dejó sobre el escritorio antes de que Alice preguntara. Membrete: Castellanos, Rivas & Asociados. Derecho inmobiliario y activos corporativos. Alice no
Leer más