El proceso terminó en veinte minutos.
La sala de firmas no tenía la solemnidad de un tribunal: una mesa rectangular, seis sillas, una ventana hacia un aparcamiento y un juez que revisaba los documentos con la eficiencia de quien hace eso muchas veces a la semana. Este caso no necesitaba atención adicional. El protocolo de co-parenting estaba registrado, los activos distribuidos según lo acordado, las interrupciones resueltas por procedimiento sumario. Todo en orden.
Alice firmó donde Valeria le