Narrado por Gabriel CalvelliEl pitido de los monitores de la Unidad de Cuidados Intensivos era el único metrónomo de mi existencia. Me había negado a salir de aquel cubículo de cristal durante horas, ignorando las súplicas de Liam y los cafés que Lucas me traía en silencio. Mis ojos no se apartaban de su rostro. Isabella seguía allí, pálida, con la cabeza vendada, rodeada de tubos que parecían succionarle la vida, pero viva. Mi firma en aquel papel amarillo seguía grabada en mi mente como una cicatriz. Había comprado su vida con la moneda de la traición, y el peso de esa moneda me estaba hundiendo el pecho.Me incliné hacia ella, tomando su mano inerte entre las mías. El frío de la habitación se me metía en los huesos, pero no me importaba. Necesitaba hablarle, necesitaba llenar el vacío de las máquinas con planes, con promesas, con cualquier cosa que no fuera la realidad de lo que había firmado.—Vas a estar bien, Bella —susurré, pegando mis labios a sus nudillos—. El doctor Aris di
Leer más