Victoria despertó entrada la mañana, pero el espacio a su lado estaba vacío; Daniel ya no estaba ahí. La suite permaneció sumergida en un silencio absoluto durante horas. Era un vacío demasiado denso, de esos que hacen que las paredes parezcan cerrarse lentamente. Cerca del mediodía, la quietud terminó por agotar la paciencia de Victoria, quien finalmente decidió salir para despejar su mente. Apenas cruzó el pasillo oscuro del piso privado, Lex apareció de la nada, incorporándose de uno de los sillones del área común. Su postura relajada pero alerta delataba que, más que descansar, había estado vigilando el lugar todo el tiempo. —No puedes irte —sentenció él, interceptándola con una sonrisa de medio lado. Victoria fruncitó inmediatamente el ceño, inconforme con la restricción. —Estoy aburrida aquí, Lex. —Daniel me mata si te dejo salir sola —replicó él, ensanchando su sonrisa, aunque sus ojos mantenían un brillo de advertencia real. Victoria cruzó los brazos sobre su pec
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