Daniel la besó con una determinación que barrió con cualquier intento de resistencia. Victoria quiso oponerse, sostener el berrinche y la distancia un segundo más, pero él solo profundizó el beso, adueñándose de sus labios con una firmeza que la dejó sin aliento. Sus manos, grandes y cálidas, abandonaron la madera de la puerta para comenzar a deslizarse por el cuerpo de ella, delineando sus curvas con un hambre contenida que encendió la piel a su paso. Sin romper el contacto, Daniel desvió el rumbo, trazando un camino de besos lentos y ardientes que descendió por la línea de su mandíbula, recorrió la longitud de su cuello y se detuvo justo en el nacimiento de su pecho, donde el pulso de Victoria latía desbocado. Casi sin que ella lo notara, la guió con pasos lentos y seguros a través de la penumbra del departamento hasta la cama. Victoria se dejó caer de espaldas sobre las sábanas, con la respiración agitada, viéndolo cernirse sobre ella como una sombra imponente. Con una destreza
Leer más