El silencio tenía un costo que no se pagaba en monedas ni billetes. Se abonaba con fragmentos de alma, con la erosión lenta de la confianza, con el peso acumulado de verdades enterradas que, tarde o temprano, excavaban su propio camino hacia la superficie.Ximena Salazar lo comprendió cuando el notario Guerrero deslizó la carpeta manila sobre la mesa de caoba del despacho Sterling & Asociados. El roce del papel contra la madera pulida sonó como una sentencia.—Señora Salazar —la voz del hombre mayor temblaba ligeramente—, antes de proceder con la lectura del testamento complementario de doña Leonora, debo informarle sobre una... complicación legal que ha surgido.El aire acondicionado zumbaba con monotonía opresiva. Sebastián Montalvo, sentado a su derecha, se inclinó hacia adelante con expresión alerta. Ximena mantuvo la espalda recta, las manos entrelazada
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