Capítulo 211: La Ofrenda de la OscuridadEl aviso de Valerius fue un filo de hielo en medio del incendio esmeralda. Sus manos, antes firmes y cargadas de la autoridad del lobo, ahora temblaban sobre el vientre de Astraea, donde la luz negra de su hijo empezaba a pulsar con una cadencia voraz. Detrás de él, en la penumbra espesa de la Torre de la Sacerdotisa, la sombra de tres cabezas y ojos de fuego solar avanzaba, arrastrando una cadena de plata que parecía succionar la vida misma del corazón de Valerius. Astraea, atrapada por la mano del gigante que ahora se sentía más como carne viva que como piedra, sintió que el fuego verde de las velas flotantes no buscaba quemarla, sino sellar sus sentidos para que no pudiera huir de lo que el eclipse estaba por revelar.La dilatación sensorial en este umbral de pesadilla era de una intensidad eléctrica. Astraea percibía la textura de la piel de Valerius bajo sus dedos; estaba fría, erizada, marcada por runas que vibraban con el sonido de un mi
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