Capítulo 210: El Incendio de la TierraLa antorcha de fuego verde descendió con una lentitud que desafiaba las leyes de la física, trazando un arco de esmeralda en medio de la oscuridad sólida. Cuando la llama tocó la superficie de carbón, no hubo una explosión, sino una transmutación instantánea. El frío de la obsidiana se convirtió en un calor vegetal, un vapor espeso que olía a musgo antiguo, raíces húmedas y el amargor de las hojas de laurel quemadas. Astraea, atrapada por la mano del gigante que emergía de su propio linaje, sintió cómo la presión en su cuello cambiaba; la piedra ya no buscaba asfixiarla, sino fundirse con su tráquea. Valerius, su esposo, permanecía en el umbral de la Torre de la Sacerdotisa, envuelto en runas que brillaban con un tono cetrino, observándola no con el deseo del amante, sino con la imparcialidad del verdugo sagrado.La dilatación sensorial en este incendio esmeralda era una coreografía de texturas que la mente de Astraea apenas lograba procesar. Per
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