Capítulo 122: El Veneno de la SombraLa voz de Mikhail, multiplicada por ecos que parecían nacer de las paredes mismas de la Torre, heló la sangre de Astraea. No era posible; ella misma había visto su cabeza rodar por el suelo de amatista. Sin embargo, la mano de obsidiana que se aferraba al marco de la puerta no era una alucinación. Pero el horror más inmediato no estaba frente a ella, sino a sus pies.Al bajar la vista, Astraea vio que su sombra, ahora reabsorbida pero transformada en una mancha de oscuridad líquida y hambrienta, no se limitaba a estar bajo ella. Se había estirado como un tentáculo negro, envolviendo el tobillo de Valerius. La marca de unión en el cuello del Rey Lycan, ese tatuaje místico que simbolizaba su pacto, brillaba con un rojo agónico. La sombra de la Reina no estaba simplemente tocándolo; estaba succionando la luz dorada de su linaje, bebiéndola con una voracidad que hacía que la piel de Valerius se tornara grisácea.—¡Suéltalo! —gritó Astraea, pero sus pal
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