Pasó un día completo, largo, pesado, cargado de emociones que aún no terminaban de asentarse, y al fin le darían el alta a Amelia, que, dentro de todo, había sido la menos afectada físicamente, aunque por dentro aún llevaba el temblor de todo lo vivido, Erick no se había separado de ella ni un segundo, como si en el momento en que lo hiciera alguien fuera a arrebatársela otra vez, y ahora, sentado a su lado en la cama, la observaba comer con una atención casi obsesiva, vigilando cada gesto, cada respiración, cada mínimo cambio en su expresión.No estaba solo y eso no le gustaba.Frente a ellos, como si nada hubiera pasado, estaba Gerald, que había volado directo desde París apenas supo lo ocurrido, trayendo una caja de pasteles finos y un té helado que ahora Amelia sostenía entre sus manos, intentando relajarse.—Oye, hombre… de verdad no le va a pasar nada… —dijo Gerald con una media sonrisa, cruzado de brazos— menos si yo estoy acá.Erick ni siquiera lo miró.—Lo sé… —respondió sin
Leer más