Erick y Miguel llegaron a la mansión después de dejar a Damián, el trayecto había sido más silencioso de lo habitual, cargado de pensamientos que ninguno expresó en voz alta, pero que claramente pesaban en el ambiente, Miguel detuvo el auto con un movimiento seco y apoyó ambas manos sobre el volante unos segundos antes de soltar el aire con fuerza, como si recién ahí todo lo vivido comenzara a asentarse.
—¿Estás seguro de que hiciste bien al decirle mi verdad?… o sea, nuestra —murmuró finalment