Padre e hija estuvieron largo rato abrazados. Alondra estaba muy sensible y no dejaba de llorar. — Lo siento mucho, papá. Sé que te fallé, que debía esperar hasta el matrimonio para dar un paso tan importante, pero... — Mm... Tu madre y yo solo queremos lo mejor para ti, te dimos todos los consejos que pudimos, Pero al final era tu decisión dar ese paso. — Raymundo... Él... Él me sedujo. Logró que mi cordura y mi buen juicio se fueran volando por la ventana. — ¡Ese cabrón! Sabía que así había sido. Alondra culpaba al empresario que le hizo perder el decoro, y es que realmente así había sucedido. Hasta pudiera ser que él ya lo tenía planeado, seducirla para que ella se enamorara más de él. — Ahora llevo a su hijo, tenemos que asumir las consecuencias de nuestras decisiones. — Por supuesto, ese empresario se tiene que hacer responsable de sus acciones, de eso me encargo yo. Nadie se burla de la familia Rodríguez, y se queda sin castigo. (...) A la bella señorita R
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