Aceptó ser tu esposa...
El silencio volvió al despacho. Solamente se escuchaba el trinar de las aves que provenía de afuera.
Pero esta vez fue diferente.
Porque Alejandro no esperaba aquella respuesta tan directa.
— ¿Qué dijiste?
— Que quiero casarme con Alondra... Y que sea cuanto antes.
Alejandro lo observó durante varios segundos.
Luego soltó una carcajada seca.
Sin humor.
— ¿Crees que esto es una novela romántica?
— No, sé que no lo es, esto se trata de mí vida, de la vida de Alondra y de la de