La heredera Rodríguez, nunca esperó perder su virginidad aquella noche, pero algo era seguro, ella no se arrepentía de nada. Entre los brazos del jóven CEO, podía sentir como la enloquecía de placer. Cada embestida profunda le daba una sensación de éxtasis que no podía describirse con palabras. — Raymundo... La bella jóven llamó el nombre del CEO mientras se aferraba a él, y le arañaba la espalda. — Si, nena, dí mi nombre, quiero escuchartelo decir. Tal vez alguna vez la jóven Rodríguez, sabría que esa noche Raymundo la estaba amando con todo lo que era. El hombre estaba siendo delicado. Suave. Apasionado. Procuraba no solamente su propio placer, si no que no perdía detalle a lo que Alondra le comunicaba con su cuerpo. El CEO le daba todo lo que ella le pedía. Satisfacerla era más que sin prioridad, su propia satisfacción. Cuando Alondra estalló en ese avasallador orgasmo, y el CEO la pudo sentir correrse en su polla. El mundo se detuvo para solamente disfru
Leer más