POV EVIEEl Paso de los Susurros no era un camino, sino una grieta en la cordura del mundo. Las paredes de roca negra se cerraban sobre nosotros, tan altas que el cielo quedaba reducido a una línea de color violeta herido. El aire no soplaba; vibraba. Era un zumbido constante, una frecuencia baja que hacía que los dientes dolieran y que los pensamientos se enredaran como hilos de seda en una tormenta.Caminábamos en fila india. Lysander iba a la cabeza, su cuerpo tenso, irradiando una energía de Alfa que se sentía errática a través de nuestra Unión de Almas. Yo caminaba justo detrás de él, con las manos apoyadas en los hombros de Félix y Cyra. Los guerreros de Blood-Crag cerraban la marcha, pero sus rostros, antes valientes, ahora mostraban una palidez cadavérica.—No escuchen —les susurré a los niños, aunque sabía que era inútil—. Cierren sus mentes. Enfóquense en el latido de mi corazón.Pero el Paso no se alimentaba del oído, sino de la esencia.De repente, la niebla se volvió dora
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