El frío del norte no pedía permiso; simplemente se instalaba en los huesos, recordándote que en estas tierras, la vida era un privilegio y no un derecho. Habíamos dejado la mansión de Blood-Crag bajo el manto de una medianoche sin estrellas, moviéndonos como sombras entre los senderos que solo los lobos de linaje puro conocían. Lysander lideraba la marcha en su forma humana, envuelto en pieles oscuras que acentuaban la dureza de su mandíbula y el brillo vigilante de sus ojos grises.Detrás de él, yo caminaba con el mapa estelar de mi padre grabado en la memoria. Félix y Cyra iban en medio de nosotros, protegidos por un círculo de cuatro guerreros de élite, los únicos en los que Lysander confiaba plenamente tras la traición de Roseanne.El ascenso hacia el Pico del Olvido era lento. El terreno se volvía más escarpado con cada kilómetro, y el aire empezaba a escasear. Sin embargo, lo que más me pesaba no era el esfuerzo físico, sino el silencio tenso que se extendía entre Lysander y yo.
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