Cuando el preludio finalmente terminó, lo que siguió fue una sinfonía de hambre, sudor y dominación absoluta. Ivan, con la elegancia depredadora de un tigre hambriento, había desnudado a Sasha hasta la cintura, y su boca viajaba por su torso con una devoción casi fascinante. Sasha, por su parte, se retorcía debajo de él, sus manos aferrándose a su cabello rubio y sus gemidos eran un canto obsceno que se fundía con los demás sonidos del club. Mierda, qué vista tan espectacular. Kilian y yo, aunque estábamos como espectadores, no éramos nada pasivos. Su mano ya no solo acariciaba mi muslo; había subido más, encontrando el borde de mis bragas y deslizando dos dedos dentro de mí con una facilidad que incluso a mí me sorprendía. —Joder, Nadia... —gruñó en mi oído, sus dedos moviéndose en una danza húmeda y deliciosa—. Estás empapada... ¿Ver cómo ese cabrón le mete la lengua a tu amiga te pone tan caliente? —Sí... —jadeé, sin poder negarlo, mis ojos clavados en cómo Ivan metía l
Ler mais