El silencio en el baño me estaba volviendo loca. Aún estaba en la bañera, limpia por fuera pero hecha trizas por dentro. Kilian, arrodillado dentro de la bañera, frente a mí, no había dejado de observarme con una intensidad que me quemaba. Ya no veía la furia ciega que se empeñaba en dirigirme, sino que ahora sus ojos me miraban con una intensidad diferente, más... carnal. Tenía una lucha interna que se podía sentir en el aire. Luchaba contra él mismo. Y entonces, de golpe, el ambiente entre los dos cambió. La tensión se electrizó, pasando del dolor y la desconfianza a una lujuria oscura y desesperada. Sus ojos recorrieron mi cuerpo desnudo bajo el agua, y una mueca de frustración y deseo se dibujó en sus labios. —Maldita sea —masculló, y aquello no fue dirigido hacia mí, sino hacia la situación en general. Se inclinó hacia adelante y sus labios capturaron los míos en un beso bastante descuidado, sin ningún tipo de delicadeza. Era un beso lleno de posesión, de castig
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