Después de aquella sesión, Kilian quedó agotado en el suelo. Y no lo culpaba, antes de que Sasha llegara, yo también había provocado algunas escenas que, bueno... Sasha y yo, con la energía que solo las mujeres poseíamos después del clímax, nos miramos y, sin decir una palabra, supimos lo que necesitábamos. Nos levantamos del suelo y caminamos hacia el baño, llenando la bañera con agua caliente, un bálsamo para nuestros músculos adoloridos. El vapor comenzó a elevarse, creando un aura íntima a nuestro alrededor. Nos sumergimos en el agua en completo silencio, una frente a la otra, nuestras piernas se entrelazaron bajo el agua espumosa. Dios, extrañaba tanto esto. —Cuando tengas vacaciones, tienes que venirte a la mansión —murmuré con los ojos cerrados, rompiendo el silencio—. Podremos hacer esto todas las veces que quieras, Sash. Ella sonrió, sus ojos brillando con esa picardía innata que tenía. —¿Y tu mafioso de mente abierta no tendrá problema en... prestarme sus servi
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