CAPÍTULO 40 La mujer que creyó que ganaba
Natalia entró como si el edificio le perteneciera.
Vestido suelto.
Maquillaje suave.
Perfume calculado.
Nada que marcara el vientre.
Nada que revelara debilidad.
Si alguien la miraba, veía elegancia, seguridad, dominio.
No una mujer empujada contra el abismo.
La secretaria la anunció y la puerta del despacho se abrió con un movimiento silencioso.
Lissandro Monteiro estaba de pie detrás del escritorio, impecable dentro del traje oscuro, la expresión med