CAPÍTULO
La Decisión de Lissandro
A esa hora la ciudad ya estaba en movimiento, pero dentro de la oficina de Lissandro Monteiro el aire era distinto.
Más denso, más cargado, casi peligroso.
Porque cuando él pedía explicaciones, alguien terminaba perdiendo.
Rodrigo Almeida, su abogado y amigo, estaba de pie junto al escritorio, con una carpeta bajo el brazo y el gesto tenso de quien trae noticias difíciles de digerir.
Había llegado de São Paulo esa misma madrugada.
La reunión era importa