CAPÍTULO Una invitación, una oportunidad
Ese sábado las horas habían pasado volando.
La oficina todavía conservaba el eco de la mañana: papeles ordenados, pantallas encendidas mostrando cifras en movimiento, el aroma del café recién hecho que la secretaria dejaba cada día a la misma hora, como si la rutina fuera sagrada.
Todo funcionaba con precisión.
Pero Lissandro está vez no. No sé concentraba pensando.
Miraba el celular.
Una y otra vez.
Pensaba en la respuesta que había recibido más