CAPÍTULO 39 Antes de que empiece la guerra
El lunes llegó con olor a presión.
Era esa sensación que sabés que en unas horas alguien va a intentar empujarte al borde y vos tenés que sonreír como si no te importara.
El despacho estaba impecable, como si el orden pudiera contener el desastre que se venía… Todo gritaba control y calma.
Lissandro Monteiro revisaba unos papeles sin leer realmente. Los ojos iban y volvían por las líneas, pero la cabeza estaba en otra parte: en el fin de semana que