Al oír la insinuación de Lorena, él guardó silencio durante unos segundos, reflexionando. Aun así, apartó esa idea casi de inmediato. En su mente, no había motivos lo bastante fuertes como para que la familia de Sara fuera capaz de algo tan cruel. Él no había hecho nada contra ellos.Todo lo que había salido mal era culpa de la propia Raquel. Fue ella quien mintió, engañó y lo hizo quedar como un tonto.—No saques conclusiones precipitadas —dijo, firme—. Su familia no llegaría a ese punto.—Pero, Renato, ya se puede conocer la índole de esas personas por lo que hizo tu ex —insistió Lorena, sin ocultar la intención—. Aquello no fue poca cosa.Él respiró hondo, visiblemente incómodo.—Olvida eso —pidió, dando por cerrado el tema.Al notar el cambio de humor, Lorena decidió no insistir. Además, se estaban llevando bien, y no quería arruinar ese momento.—Está bien, perdón —pidió, con un tono más suave—. ¿Quieres algo?—No, estoy bien —respondió—. Lo único que quiero es irme a casa.—Creo
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