Así, los días fueron pasando.Aun sin tener paciencia alguna, Renato permaneció allí en observación, rodeado de cuidados que fingía no necesitar. Lorena estaba siempre cerca y, cuando necesitaba salir, dejaba a un enfermero encargado de todo, ya que no quería a ninguna mujer cerca de él. Aquello lo irritaba, pero no tanto como el silencio que venía de otra dirección.Sara no apareció.No llamó.No envió siquiera un mensaje.Mientras los medicamentos entraban en horarios cronometrados y los días comenzaban a repetirse, empezó a notar ese detalle con una atención incómoda. Al principio, intentó convencerse de que no hacía diferencia. Mejor así, llegó a pensar. Menos confusión. Menos irritación.Pero la ausencia empezó a pesar.En algunos momentos, cuando la habitación quedaba demasiado silenciosa, su mirada se escapaba hacia la puerta, casi esperando que se abriera sin aviso. En otros, tomaba el celular, miraba la pantalla durante unos segundos y lo dejaba otra vez, irritado consigo mis
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