—Gracias por avisarme, Odete. Estoy a punto de llegar al hospital.
—Qué bueno, querida —respondió—. Estoy segura de que Renato se sentirá mejor sabiendo que te preocupas por él.
Las palabras resonaron en la mente de Sara. ¿Sería realmente cierto? ¿De verdad le gustaría recibirla allí? La duda se instaló, acompañada de una opresión en el pecho.
Apenas colgó la llamada, giró el rostro hacia Humberto y esbozó una sonrisa más tranquila.
—Está bien y fuera de peligro —anunció, aliviada.
—Sí… me di c