Aun temblando de rabia, Lorena no tuvo otra opción más que apartarse de la puerta. Entonces, Sara tocó la manija y abrió.
Al entrar, sus ojos y los de Renato se encontraron al instante.
Él tenía la misma mirada de hacía unos minutos. Distante. Fría.
No es que fueran cercanos ni nada por el estilo, pero había algo en él que parecía contrariado por alguna cosa.
Despacio, ella se acercó a la cama y lo observó durante unos segundos antes de decir cualquier cosa. Renato parecía abatido y cansado.
—B