El amanecer llegó en silencio. La luz del sol se filtró lentamente por las cortinas, tiñendo las habitaciones de un tono suave, casi engañosamente tranquilo. Pero aquella calma. No existía realmente. En la residencia donde Diana se hospedaba, ella ya estaba despierta, no había dormido demasiado. Su mente había estado inquieta. Agitada. Los recuerdos de la noche con su esposo aún estaban frescos, demasiado, el calor de Jeremy, sus palabras, su mirada, la intensidad de sus acciones íntimas y por supuesto los actos desvergonzados de su esposo, Diana nunca espero que Jeremy se llevaría su ropa interior. — Esto realmente ha sido una locura — Expuso con las mejillas teñidas de rosa —No pensaré en eso. Diana cerró los ojos un instante. Y negó suavemente con la cabeza. —Concéntrate…Murmuró para sí misma. Porque sabía que no podía permitirse perder el control, no ahora. Se incorporó tomó una respiración profunda y salió de la habitación. Ela planta baja, Evans ya estaba allí de pie, esp
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