CAPÍTULO 96BiancaLlevaba horas en un estado de vigilia absoluta, con el cuerpo entumecido pero la mente afilada por el miedo. Estaba recostada en la cama, envuelta en las sábanas que ya no sentía como propias, con los ojos abiertos de par en par, fijos en la penumbra del techo. El hambre ya no dolía; se había convertido en un zumbido sordo que mantenía mis sentidos en alerta máxima. Por eso, cuando escuché el primer tropiezo en el pasillo, supe que no era Lupe con su bandeja de comida, ni los guardias con sus pasos rítmicos.Era él.La puerta se abrió con una violencia torpe, golpeando contra el tope de la pared. Jaxson entró en la habitación, pero no era el hombre imponente y letal que me había encerrado días atrás. Era una sombra desestabilizada, un gigante herido que apenas podía sostener su propio peso. Su respiración era errática, pesada, y sus movimientos tenían la descoordinación de alguien que lucha contra una marea invisible.— ¿Jaxson? —pronuncié su nombre en un susurro, i
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