CAPÍTULO 100JaxsonMis párpados pesaban como si hubieran sido sellados con plomo y mis pulmones ardían con cada bocanada de aire, un aire que olía a antiséptico, a flores frescas y a ese perfume floral que conocía mejor que mi propia vida. El dolor en mi costado era un pulso constante, una brasa encendida que me recordaba que la muerte había intentado llevarme y, por alguna razón, se había arrepentido a medio camino.Abrí los ojos. La luz de la habitación, aunque tenue, me pareció un estallido insoportable. No sabía dónde estaba. No sabía qué día era. Mi mente era un torbellino de imágenes inconexas: el estruendo de un disparo, el rostro desencajado de Lupe, el sabor a sangre y el frío de la piedra en mi mejilla. Intenté moverme, pero mi cuerpo no respondió; era una carcasa vacía, despojada de la fuerza que siempre me había definido.— ¿Bianca? —mi voz salió como un graznido seco, apenas un roce de aire en mi garganta reseca.Escuché un movimiento brusco a mi lado. Una silla arrastrá
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