CAPÍTULO 90
Lupe
El día había llegado.
Saqué el teléfono desechable de un hueco oculto tras el rodapié de mi armario y marqué el número que me sabía de memoria.
— Dime —gruñó mi sobrino.
— El día ha llegado —dije, mi voz saliendo como un susurro sibilante que cortaba el silencio de la habitación— Tenía que organizar el último ataque, y ya no hay marcha atrás.
— Ya era hora, tía —respondió él, y escuché el ruido de fondo de los muelles, el golpe metálico de los contenedores— Ha pasado mucho ti