Cerró los ojos un instante, fracciones de segundos le pareció, sin embargo, al abrirlos de nuevo, ya había amanecido. La luz del día penetraba de lleno su habitación colándose por las ventanas descubiertas. Se removió mientras estiraba sus extremidades. La cabeza ya no le dolía, tampoco su mano, aunque seguía notándola dos veces más grande de su tamaño habitual. De cualquier manera no le perjudicaría el buen ánimo, se pensó que debía ingerir pastillas al menos por unos días, por si llegara a sentir alguna dolencia, no siendo así se contentaba.Estaba habituado, inconscientemente, a despertar siempre a la misma hora, aun deseando dormir más o menos el sueño se le espantaba a las nueve menos un cuarto. Coincidía con el horario de Lauren. Al principio debía ponerse una alarma para despertar a tiempo si quería prepararle el desayuno antes de que se marchara a las oficinas. No había faltado ni una sola vez al compromiso que con todo gusto cumplía, ni siquiera la mañana siguiente de una dis
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