Maitê MoreliLa señora Rosalie tenía una habilidad admirable para la jardinería. Yo estaba encantada con su dedicación y con el cuidado con el que tocaba cada planta. Intentaba enseñarme con paciencia y, aunque no tenía mucha práctica, me esforcé: ayudé a abonar las macetas, aun sabiendo que alcanzar su nivel de destreza llevaría tiempo.—Poner cáscaras de huevo es muy importante, Maitê. Nutren la tierra con calcio y fortalecen las raíces —me enseñó Rosalie, con su voz calmada y maternal.—Perfecto. Las estoy poniendo —respondí, con los guantes gruesos dificultándome un poco los movimientos, mientras repartía los trozos de cáscara en las macetas con cuidado.—Muy bien —dijo ella, sonriendo con aprobación.Al principio, me pareció bien que Hunter fingiera recordar nuestro matrimonio. Pero ver el cambio de actitud de su madre, ahora mucho más afectuosa y confiada, hizo que, por primera vez en mucho tiempo, me sintiera bienvenida en aquella casa. Tal vez todo aquel teatro había sido la ú
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