Hunter Knoefel
Antes de ir al hospital, estaba sentado en la terraza con mi madre, desayunando. El sol de la mañana calentaba suavemente el ambiente, y el aroma del café recién hecho se mezclaba con el perfume de las flores del jardín. Aunque no me gusta el café, ni siquiera su olor, aquella mezcla me traía recuerdos. Mis ojos estaban fijos en Maitê, que, con el vientre enorme y a punto de dar a luz, insistía en cuidar las plantas como si aquello le aportara paz.
—¿Estás nervioso? —preguntó mi