Harvey estaba concentrado revisando los planos del nuevo sitio, cada detalle medido, cada luz planeada, cada flujo de clientes calculado. Su oficina, en el piso más alto del edificio corporativo, olía a café fuerte y muebles de cuero. —Señor, los permisos están listos, todo avanza según cronograma —informó su asistente. —Bien —respondió él, sin levantar la vista. Todo debía ser perfecto, todo debía estar bajo control. El teléfono vibró. Un mensaje de su socio mayoritario: un correo con asunto urgente. “Harvey, tenemos un problema. ¿Por qué no lograste cerrar la compra con el viñedo Ocaso de oro ?” Frunció el ceño. Revisó el correo adjunto: un artículo reciente de la prensa local. "Anuncian alianza exclusiva: experiencia de vinos en Lumina y The Oak Room" El corazón le dio un salto, pero no por afecto. Por estrategia. —¿Cómo… cómo es posible? —murmuró, sorprendido y, sin querer, molesto. Su socio entró, sin rodeos. —¿Explicaciones, Harvey? Esto era prioridad máxima. Ese viñed
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