El tren avanzaba atravesando montañas cubiertas de nieve como si el tiempo hubiese decidido moverse más despacio solo para ellos.
Tara observaba por la ventana sin decir nada. Campos blancos, pueblos diminutos, techos inclinados que parecían salidos de una postal imposible. Nunca había viajado así. Nunca había tenido un destino que no estuviera ligado a sobrevivir.
Mateo, frente a ella, trabajaba en su portátil… o al menos fingía hacerlo.
Cada cierto tiempo levantaba la mirada.
Hacia ella.
No d