La lluvia comenzó antes de que salieran del recinto.
No fuerte. Persistente.
De esas que transforman la ciudad en reflejos borrosos y obligan a disminuir el ritmo.
Mateo revisó su teléfono mientras avanzaban hacia la entrada principal.
Frunció apenas el ceño.
—El tráfico está colapsado —dijo—. Hubo un accidente en la autopista norte.
Tara acomodó el abrigo sobre sus hombros.
—Podemos esperar, vivo justo hacia allá.
Mateo negó.
—No esta noche. El evento terminó tarde y mañana todo empieza tempra