Maya se quedó en silencio. Él seguía mirando al vacío, pero de pronto giró su rostro hacia ella. Le acarició la mejilla con ternura, y su mano se deslizó hacia la nuca, acercándola lentamente hasta que sus labios se encontraron.Al principio fue un beso suave, reconfortante… pero pronto se volvió más profundo, más intenso, hasta que ambos se separaron, sin aliento.Maya podía ver el deseo ardiendo en los ojos de su esposo. Lo sentía en cada fibra de su cuerpo, como si todo el calor de su sangre se hubiera encendido con su toque.En un abrir y cerrar de ojos, Oliver ya estaba sobre ella. La besó en la frente, en los labios… bajó lentamente hasta su pecho. Chupó uno de sus pezones mientras lamía la piel alrededor, provocando que su cuerpo se arqueara.—Ah… —un gemido escapó de sus labios, mientras Oliver seguía acariciándola con una devoción que la dejaba sin aliento.Le apartó suavemente los mechones de cabello que caían sobre su rostro, y la miró como si fuera la única mujer en el mun
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