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Debía admitir que esperaba que lo que había visto hoy y lo que sentía en ese momento significara más que esas dos palabras que anhelaba escuchar. Tal vez no las oiría de Oliver en ese instante, pero estaba segura de que, tarde o temprano, él se las diría, tal como había descubierto la verdad de manera inesperada.
Maya se sobresaltó cuando Oliver la besó de repente en los labios.
—¿Un centavo por tus pensamientos, mi querida esposa? —dijo Oliver mientras se secaba las manos con una toalla.
Luego