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—Oh, ¿te desperté? Lo siento, esposa —murmuró con voz ronca, llena de ternura y deseo—. Estoy demasiado emocionado de despertar y tenerte a mi lado. Cuánto echaba de menos empezar el día así…
Sonrió de forma pícara y luego depositó un beso suave en su frente.
Sonrió en respuesta y volvió a cerrar los ojos. Sintió cómo Oliver deslizaba sus manos sobre su espalda desnuda, y no pudo evitar estremecerse. Cada caricia despertaba algo profundo en ella, una sensación que la envolvía poco a poco, hacié