ASHER No hay nada en sus palabras que logre alcanzarme.La escucho, sí, porque está frente a mí, porque su voz sigue llenando el espacio entre nosotros, porque sigue hablando como si pudiera justificar lo que hizo con argumentos que, en su cabeza, todavía tienen sentido… pero para mí todo eso ya no pesa. Ya no importa. Es como si hubiera cruzado un punto invisible del que no se regresa, un lugar donde las explicaciones dejan de ser suficientes y solo queda el daño, crudo, irreversible, imposible de acomodar dentro de algo que se parezca a una familia.—No era buena para ti —dice, insistiendo, como si repetirlo pudiera convertirlo en verdad absoluta—. Derrochaba dinero, no tenía límites, yo misma la escuché hablando por teléfono con otro hombre…Cada palabra suya cae, pero no construye nada. No sostiene nada. Solo choca contra algo roto dentro de mí.Estoy llorando.No lo intento ocultar.No tengo fuerzas para hacerlo.Las lágrimas caen sin control, silenciosas al principio, luego más
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