93.
ASHER
No hay nada en sus palabras que logre alcanzarme.
La escucho, sí, porque está frente a mí, porque su voz sigue llenando el espacio entre nosotros, porque sigue hablando como si pudiera justificar lo que hizo con argumentos que, en su cabeza, todavía tienen sentido… pero para mí todo eso ya no pesa. Ya no importa. Es como si hubiera cruzado un punto invisible del que no se regresa, un lugar donde las explicaciones dejan de ser suficientes y solo queda el daño, crudo, irreversible, imposib