POV: Lucien BlancEn el centro de mi pecho, el vínculo de la manada ya no era un hilo; era un incendio forestal.Sentía cada latido, cada jadeo y cada gramo de odio acumulado en los corazones de los miles de lobos que rodeaban la Ciudadela. Ya no eran manadas separadas por fronteras o rencores antiguos. Bajo el cielo herido de los Pirineos, eran una sola entidad biológica. Y yo era su cerebro, su corazón y su colmillo.—Hermanos —mi voz no salió de mi garganta de lobo, sino que resonó directamente en sus mentes, una frecuencia que hizo que la nieve en las laderas se desprendiera en avalanchas—. Durante anos, nos han dicho que nuestra furia era una maldición. Nos han dicho que éramos sombras destinadas a ser consumidas por el Vacío. Hoy, les enseñaremos que la sombra tiene dientes.Miré hacia mi izquierda. Dante estaba allí, su pelaje de hierro meteórico soltando chispas azules. A mi derecha, el rastro carmesí de Léo cortaba el aire. Detrás de nosotros, Zoé mantenía el círculo de Aura,
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