POV: Zoé DupontLa lluvia golpeaba el techo del SUV blindado, pero no era suficiente para ahogar los sonidos que venían de la mansión.No eran disparos. Eran... ruidos primarios. Crujidos de madera rompiéndose. El sonido húmedo de cosas desgarrándose. Y, por un breve momento, un grito agudo y desesperado que se cortó en seco, como una vela apagada por un vendaval.Luego, silencio.Léo estaba al volante, mirando fijamente hacia la entrada destrozada, tamborileando los dedos sobre el cuero del volante. Dante estaba en el asiento del copiloto, inmóvil como una estatua, con los ojos cerrados, quizás rezando a los viejos dioses de los lobos.Yo estaba en el asiento trasero, envuelta en la chaqueta de cuero de Lucien, que todavía conservaba su calor. Me abracé las rodillas, temblando, no de frío, sino de la réplica del terror.—Ya terminó —dijo Dante en voz baja, abriendo los ojos.La figura de Lucien apareció en el umbral de la mansión.Caminaba despacio, con la cabeza baja. La lluvia caía
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