POV: Zoé Dupont
La invitación llegó en un sobre de terciopelo rojo, sellada con cera negra y el emblema del lobo atravesado por una rosa. No la trajo un mensajero; apareció sobre la almohada de nuestra cama en el Silver Heights, burlando todos los sistemas de seguridad de Dante.
Lucien la leyó con una mueca de asco, pero sus ojos brillaron con cálculo.
—Es una gala de investidura —dijo, lanzando la tarjeta sobre la mesa de caoba—. Camille quiere celebrar su ascenso como Gran Maestre. Y ha elegido el lugar con un descaro insultante: El Obsidian.
Conocía el lugar. El Obsidian era la joya de la corona del imperio hotelero de Lucien en París. Un rascacielos de cristal negro en el distrito financiero, un territorio que supuestamente era inexpugnable, controlado por la manada hasta en el último conducto de ventilación.
—Lo hace en tu casa para demostrar que no te tiene miedo —dije, terminando de abrocharme los pendientes de esmeraldas que Lucien me había regalado—. Quiere que vayamos. Si no