POV: Lucien Blanc
El sol de la mañana entraba por los ventanales blindados, bañando la piel desnuda de Zoé en oro. Dormía profundamente, con el cabello castaño esparcido sobre mi pecho y una mano aferrada a mi bíceps, incluso en sueños.
Bajé la mirada hacia la marca en la curva de su cuello y hombro. La mordida ya estaba cicatrizando, convirtiéndose en una cicatriz plateada sobre su piel almendrada. Mía. El lobo en mi interior ronroneaba, satisfecho, saciado y en paz por primera vez en décadas.
Pasé un dedo suavemente por su espalda, trazando la línea de su columna. Ella se removió y abrió esos ojos verdes que ahora, gracias al vínculo, brillaban con un matiz dorado propio.
—Buenos días, mi amor —murmuró con voz ronca por el sueño y por los gritos de la noche anterior.
—Buenos días, mi Reina.
Me incliné para besarla, pero antes de que nuestros labios se tocaran, un golpe seco y urgente sonó en la puerta de la habitación.
Mi lobo gruñó, irritado.
—Dije que no quería interrupciones —br