Capítulo 31: El desayuno, sin invitar, prisionera.La mañana llegó con una luz fría que entraba por las persianas. Ariadne había dormido poco y mal, su mente dando vueltas entre planes desesperados y el eco de la risa de Ashley. Se levantó con el cuerpo pesado, pero una determinación nueva, frágil como el hielo recién formado, la mantenía en pie.Se vistió con ropa sencilla: unos jeans y una camiseta. No era el adecuado y perfecto de la prometida de un Cox, pero al menos era suya. Un pequeño acto de rebeldía privada. Tenía sed, la garganta seca por la tensión de la noche, y salió de su habitación con la intención de ir a la cocina.El penthouse estaba en silencio, como siempre, así que no se le hizo extraño. Pero mientras se acercaba, oyó algo. Una risa. Clara, musical, feliz. La risa de Ashley.Y una respuesta, un murmullo bajo y masculino que no era áspero ni frío. Era… amable.Ariadne se detuvo en la entrada del comedor, oculta parcialmente por una columna. La escena que tuvo ante
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