Capítulo 37: Ladrona y mentirosa
El resto de la cena fue una tortura. Ariadne sentía la mirada de Damián como un peso físico. Ashley, desde su lugar, lanzaba sonrisas de triunfo disfrazadas de simpatía.
Y entre los invitados, el señor Nakamura parecía notar la tensión. Sus ojos inteligentes se posaban en Damián, en Ariadne, en la forma en que él no la tocaba, en cómo ella parecía querer desaparecer en su silla.
Cuando finalmente Arthur dio por terminada la cena e invitó a los caballeros a tomar