Capítulo 31: El desayuno, sin invitar, prisionera.
La mañana llegó con una luz fría que entraba por las persianas. Ariadne había dormido poco y mal, su mente dando vueltas entre planes desesperados y el eco de la risa de Ashley. Se levantó con el cuerpo pesado, pero una determinación nueva, frágil como el hielo recién formado, la mantenía en pie.
Se vistió con ropa sencilla: unos jeans y una camiseta. No era el adecuado y perfecto de la prometida de un Cox, pero al menos era suya. Un pequeño ac